⚙️ El biólogo que no sabe Python | Exoesqueleto Cerebral
Un médico que organiza sus notas mientras duerme, dos abogados que hicieron las apps de su gremio, y la razón que tenías para no construir tus propias herramientas ya no existe.
Sebastian Cocioba es biólogo. Tiene un laboratorio propio de biología vegetal y un problema que cualquier profesional independiente reconoce: el software especializado de su campo cuesta miles de dólares al año, y nunca hace exactamente lo que él necesita.
Su solución fue construir sus propias herramientas: una aplicación para diseñar plásmidos (las estructuras de ADN con las que trabaja a diario) y los scripts que controlan el robot de pipeteo de su laboratorio.
El detalle que vale en este correo está en una respuesta que dio cuando le preguntaron por su experiencia programando:
No sabe escribir Python. Su proyecto entero está escrito en Python.
Las herramientas las construyó conversando con una IA. Él pone el criterio. La IA pone el código.
Tres datos más de su hilo:
Se ahorró miles de dólares en software científico por suscripción.
Su aplicación consumió el equivalente a más de USD 40,000 en trabajo de programación, cubiertos por una suscripción de precio fijo.
Pausa esa suscripción cuando no está construyendo y la reactiva solo para mantenimiento. La paga como quien enciende y apaga la luz de un cuarto que no usa.
📍 El hilo de Cocioba con los detalles de lo que construyó
No es el único
Un médico hizo lo mismo con sus notas. Robert Cincotta, especialista en medicina materno-fetal, conectó una IA a su archivo personal de investigación: miles de notas acumuladas en años de ejercicio. Hoy ese archivo se organiza solo mientras él duerme, y él le hace preguntas desde el teléfono entre consultas. Tampoco es programador.
📍 El hilo de Cincotta con su sistema de notas
Y dos abogados construyeron para su gremio. Uno desarrolló dos aplicaciones que vende a sus colegas para resolver un trámite judicial nuevo que todos detestan. El otro construyó una herramienta parecida y la regala, porque su negocio no es venderla: es que todo su gremio sepa quién la hizo. Ninguno de los dos viene de la tecnología. Los dos vienen del problema.
Eso es lo que tienen en común los cuatro: no saben más de tecnología que tú. Saben más de su problema que nadie.
La reflexión
Durante años, “yo no sé programar” fue una razón válida para no construir nada. Esa razón dejó de tener sentido en algún momento de los últimos doce meses, y casi nadie se dio cuenta.
Lo que no perdió sentido es lo otro, lo que estos cuatro sí tienen.
Saber exactamente qué necesitan. Reconocer un resultado correcto cuando lo ven. Y el criterio para rechazar lo que está mal.
Eso no lo da ninguna herramienta. Eso lo da el oficio.
La barrera nunca fue el código. Era saber qué construir. Y esa barrera te protege: nadie que no tenga tu oficio puede cruzarla.
“Lo que no puedo crear, no lo entiendo.” Richard Feynman, escrito en su pizarrón (1988)
Mañana, en la edición de los martes: la forma en que cobra la mayoría de los profesionales está dejando de tener sentido. Y quién se queda con la diferencia.
Nos leemos mañana.
Juan
Exoesqueleto Cerebral
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